
lunes, 26 de mayo de 2008
Tranquilos, sobre todo muy tranquilos

domingo, 25 de mayo de 2008
Para un domingo, vale

He respondido las ciento sesenta y tantas preguntas del eneagrama un par de veces con resultados no del todo coincidentes. Una característica, sin embargo, se mantuvo: los pertenecientes al número concreto (me reservo cuál) tendemos a imaginar conversaciones que nunca se produjeron. Tal vez así se explique que desde niño hable solo. A veces moviendo los labios. A veces gesticulando ostensiblemente cuando estoy solo.
Dos de mis últimos enfados, y aquí conecto con los temas abiertos en la blogosfera circundante, tienen que ver con la prensa. Leo en el diario Marca la siguente declaración entrecomillada de Ronaldo Nazario da Lima: "soy heterosexual y nunca me he drogado". El periódico introducía este antetítulo: "Explicatio non petita..." Ya saben, ese latinajo de excusa no pedida, acusación confirmada. El rotativo transmitía una declaración y titulaba con un postulado moral: lo que ustedes van a leer es mentira. Dos cosas. Si tenían la certeza de que era mentira, jamás debieron publicarlo. Por otro lado, con qué derecho se presupone que el protagonista falta a la verdad. Es especialmente significativo el hecho de que la confesión tuviese que ver con las drogas y el sexo. Marca se erigía en baluarte hostil de la recta moral. Señalaba a la oveja negra (otrora deidad mayor de su firmamento económico), la despellejaba, la yugulaba.
El otro caso es el del austriaco - no recuerdo el nombre, me da pereza buscarlo - que violó a su hija durante 24 años en el sótano de su casa. Casi invariablemente los medios de comunicación hablaron de él como "El monstruo" y se refirieron a su delito con adjetivos valorativos como "horrible, monstruoso, atroz, espantoso..." ¿Porqué? La información debería eludir cualquier tentación moralizante. Debería dar los datos y dejar que, en función de los mismos, el receptor adjetivara para sí la historia como creyese oportuno. Yo puedo creer que se trata, efectivamente, de una actitud abominable, pero me niego a que ningún medio de comunicación me diga cuál ha de ser mi escala de valores. Corremos el riesgo de hacer dejación de nuestras responsabilidades más importantes. Si admitimos que un medio de comunicación nos eduque en qué es horrible o no, mañana podremos asumir que esta palabra acompañe, por ejemplo, a la derogación de un trasvase.
Y una reflexión más: veo en youtube - enlace cortesía de Enzo Vucciria - la entrevista de la 2 de televisión española a Andrés Calamaro. El argentino, después de la mamarrachada de Eva Hache, trata de estar más locuaz, de buscar su versión más lúcida. La sensación que me quedó fue la de ver a un niño. Defendía su canción "te quiero" diciendo que nada de naïf, que cuando habla de "me dejaste el florero" habla de un florero lleno de cocaína. Que cuando canta "me dejaste la ceniza" es la ceniza que se usa para fumar coca base. Me pareció ridículo. Algo así como gritar "eh, oigan, que yo soy muy malo y muy underground y muy del otro lado y muy oscuro y bla, bla, bla"
Si un poeta ha de ponerse a explicar sus versos, y además de ese modo...es que ha llegado el momento de dejarlo aquí.
Buenas noches, camaradas de aquí y allí.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Pequeño dios involuntario

Es un cuento escrito desde fuera de la historia de la humanidad. Es el relato del primer minuto sin el hombre sobre la tierra. Un parpadeo arrasa las pirámides.
A mi me gusta pensarlo así. Pensar que todo esto es una broma. Vivir sabiendo que soy el sueño de un bicho cualquiera y que entonces ¿porqué carajo iba a asustarme? ¿Porqué no dar un grito cada cinco árboles o entrar a la pata coja a los juzgados o regalar mierdas recién depuestas a los obispos?
martes, 20 de mayo de 2008
Propuesta de debate
jueves, 15 de mayo de 2008
Urgente primavera por la espalda

martes, 13 de mayo de 2008
El gourmet de estrellas

"Como postre sólo comía unas gelatinas blanquizcas en forma de estrella: siempre las mismas, durante todos los domingos de mi infancia. Allá al otro extremo de la mesa dominical, llena de primos, tíos y visitas, el rostro de mi abuelo, oscuro contra la luz de la ventana a que da la espalda, ingiere esas estrellas translúcidas y tiritonas que reúnen toda la luz. Y yo, al otro extremo de la mesa, lloro y pataleo porque no quiero melón ni sandía ni huesillos ni bavarois, que me dé estrella. Nana, quiero estrella, dígale al abuelo que me dé estrella, quiero y quiero y quiero, y lanzo la cuchara al centro de la mesa y mi madre se para y viene a castigarme porque soy malo..., no, no malo, consentido porque es hijo único..., cómo no, tan chico y tan irrespetuoso, es el colmo. No, no. El no de mi abuela es persuasivo y absolvente: no, que le traigan una estrella al niño para que no llore, para qué tanto boche, qué cuesta por Dios. Y ella misma, con una cuchara, corta un cacho de estrella y me lo pone en la boca..., lo saboreo todavía con las lágrimas en las pestañas y es malo, no tiene gusto a estrella, y lo escupo sobre mi servilleta bordada de patitos"
Este Domingo. José Donoso.
lunes, 12 de mayo de 2008
Bola Roja

Trataba de subir esta noche "Bola Roja", un poema que escribí hace algún tiempo convertido en canción. Debo música y voz al talento y la paciencia de José Ramón Carralero. Pero he aquí que me hallo sin saber cómo carajo realizar la operación técnica en cuestión. Agradeceré cualquier indicación de los visitantes. A falta de algo mejor, les dejo la letra.
"Como una bola roja
que rueda a la tronera
sin conocer el golpe
que desató su swing,//
como sombra que exala
la boca prisionera
tallada por la ira
herida de carmín//
como gota que gota
como paso que pasa
como tigre que duerme
justo antes de matar//
yo ruedo sombra paso
sin recordar mi casa
el oro del espejo
ni porqué empecé a andar//
también canté al compás
corazón del gaviero
hechizado de viento
en tumbas de coral//
ladraba a las mujeres
que dicen "no te quiero"
atado a una farola
sin luz del arrabal//
del enigma a la flaca
de Habana a Isla de Flores
en sábanas de olvido
tracé un mapa de piel//
Buscando la alegría
en vidrios de colores
al fondo de las copas
soplé plumas de hiel//
como gota que gota
como paso que pasa
como tigre que duerme
justo antes de matar//
yo ruedo sombra paso
sin recordar mi casa
el oro del espejo
ni porqué empecé a andar//
Para tener un rostro
vulneré las aceras
las piernas de las feas
sus bragas Gen Gis Khan//
enviudé cuatro veces
y siempre en primavera
sin duelo ni quebranto
con cartas de alquitran//
Como gota que gota....(bis)
Sin música no es lo mismo, pero bueno, por esta noche ya vale de hacer pruebas. Buenas noches queridos.
domingo, 11 de mayo de 2008
Un maravilloso sentido común

jueves, 8 de mayo de 2008
¡¡¡¡ÚLTIMA HORA!!!!

A penas 24 horas después de subir el post sobre el port de Xàbia el nuevo día amanece ensangrentado.
La Generalitat Valenciana (ustedes la consintieron hijos de puta analfabetos) ya tiene un proyecto definitivo para la ampliación del port de Xàbia.
El sábado a las doce del medio día se celebrará una asamblea informativa en el cine Jayan. Es mucho más que eso. Es un punto de inflexión insalvable, un establecimiento explícito de la grieta entre ustedes y nosotros.
Ya no hay marcha atrás, o ese cine se convierte en nuestro Palacio de la Moneda o el puerto se convierte en su Vietnam.
Yo estaré allí.
Eterna sobra sobre la casa de los que no vengan.
Los tambores de guerra han sonado. Que merezcamos llegar vivos a mañana.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Una vieja cuestión

domingo, 4 de mayo de 2008
sábado, 3 de mayo de 2008
El imperio del corazón

Yo quería escribir. Las palabras eran las piezas novísimas de un puzzle recién desembalado. Tamborileaban brujas al dejarlas caer sobre la mesa y la madera espejeaba al último sol de la tarde y estaba gordo y tenía todo el pelo y enamorado y trece años). Poseía todas las piezas pero desconocía las reglas, así que el juego consistía en arrebatarlas y mezclarlas con una ciega alegría de agua, como un niño o un alienado que se complaciese hundiendo los pies entre los guijarros mojados de la playa. Mi escritura era blanda y transparente como las babas de un viejo de siesta al sol, junto a la tapia encalada del patio. Jugaba a montar y desmontar aquellos animales de caparazón de piedras preciosas, a disponer largos ejércitos metálicos a lo largo del perfil de colinas que no trascendían los cojines de mi casa. Nada estaba vivo. Nada latía y yo era sólo un coleccionista de rarezas inertes. Con eso bastaba.
Pasó el tiempo y fui aprendiendo las reglas del juego. Ese inmenso puzzle, a través del tamiz de las noches y los días, era el corazón humano. No escribimos de otra cosa. Había gustado los códigos, la coordenada secreta, ya por fin andaba con la brújula imantada y la piel caliente, pero entonces fue que me empezaron a faltar las piezas. Abría la caja, pero como en aquellos juegos que duermen al fondo de los altillos en la casa de campo de los abuelos y sólo se abren de verano en verano, todo estaba a medias. Mi voz no tenía música y donde fui esfera de cristal, ahora piedra. Donde manzanas, cemento, donde alto cielo, calle, calle y mejor no hablar. Con ese quebranto a cuestas sigo escribiendo.
Algo queda de los viejos amores. Si de pronto una voz convoca como al descuido el nombre de la muchacha por quien en la primera adolescencia desatamos duelos de salón y aprendimos el tiempo y la muerte algo se agarrota en las tripas y se dispara en los ojos. Es lo mismo. Todavía me queda algun pedazo del rompecabezas. Esta noche me apetece jugar a las etimologías. Porque sí. Porque es tarde y estoy solo en casa y algo hay que hacer para que dejen de crujir las tablas en el desván sin nadie.
Cordura. Los proxenetas de la cordura nos dice que de casa al trabajo y del trabajo a casa, que seamos prudentes, que mejor esta seguridad y esta modorra amniótica que el camino, tan lleno de peligros, no sé, tan de lluvia y banderas y senderos embarrados y luces peligrosas en los límites del bosque y manzanas envenenadas y mala gente que toma mal vino. No bailen o el demonio les podría ceñir el talle para siempre a la vuelta de una vuelta, no canten o tal vez alguna verdad les salga de la boca y despierten al otro lado y se descubran gritando palabras de amor a los teleoperadores y escupiendo al cielo y besando la boca de mármol de las estatuas (debajo late un laberinto de venas). No jueguen porque podrían ganar o perder y ganar de nuevo.
Cordura. Cor, Cordis. Corazón. Todo lo contrario. La tan manoseada y sucia y vieja cordura no es eso.
Sean cuerdos mis serenísimos amigos. No teman a la oscuridad.