Que dice aquí mi vecino Vicè que va con Italia el domingo. Perfecto, estoy con él en eso de que el fútbol, en tanto que pasión ética y estética, en tanto que irracionalidad, no debe estar atado a cuestiones patrióticas. De hecho de un tiempo a esta parte escucho la palabra España y me echo a temblar, veo una rojigualda en una prenda de ropa y, como Mafalda, aprieto fuerte mi piruleta y corro a esconderme - y me consta que los hay honrados, pero...- y en general sufro de desconfianza congénita para con las banderas. Pero yo el domingo voy con España. ¿Porqué? Pues vaya usted a saber. Tal vez porque el fútbol es Vázquez Montalbán gritando Hala Madrid frente al espejo. Tal vez porque Butragueño, al retirarse, lloró sobre el césped de un Nou Camp vacío como sobre la tumba de un enemigo querido, como celebrando uno de esos antagonismos que ayudan a vivir.
El caso es que Italia me aburre soberanamente y no acabo de encontrarle la épica por ninguna parte. Vale que Vicè nos vendió la historia de Gattuso, pero me temo que si nos cae bien es virtud del narrador, no del sujeto. La azzurra me parece una selección rocosa, con oficio, artera, con un tal Luca Toni que un día se cansará de fallar goles cantados y un portero monumental, pero en general me ofrece la impresión de ser un equipo vago. Un grupito de funcionarios. Una banda de notarios del fútbol que si por ellos fuese se ahorrarían el partido y lo ganarían por poderes. Una turba de leguleyos enfebrecidos que esgrimen mil veces la misma mentira manoseada. Entonces ¿porqué ganan cíclicamente? Por lo mismo que en la vida nunca o casi nunca ganan los nuestros. El único equipo italiano que me gustó fue el Milan de los holandeses. Después la nada absoluta.
Esta España sin embargo es diferente a la que se ha venido estrellando contra roqueríos sucesivos. Además de tiki-taka (que palabro más feo, la madre que me parió) tiene suerte. Por primera vez a un puñado de futbolistas talentosos en mitad de la cancha se suman dos delanteros en estado de gracia y una obsesión por ganar, ganar y ganar hasta cuando no hace falta (hoy mismo contra Grecia. Lo fácil hubiese sido dejarse ir). Por primera vez los once tipos que se enfundan la elástica están acostumbrados a la responsabilidad, muchos de ellos fuera de nuestra liga, y eso curte. Por primera vez, digo, me da la sensación de que no son una banda de llorones y prestidigitadores baratos. Es un equipo capaz de jugar en corto y en largo, al pie o en profundiad, de dormir un partido acunando el balón de banda a banda o saltar a la yugular con una violencia fría, de marcar por talento o acumulación, de encajar, bailar y pegar. Pero el arma secreta, el arma definitiva es...que estamos convencidos de que España se va a la puta calle en cuartos de final. No vean lo que libera eso, oigan.
Así que el domingo les vamos a dar pasaporte a los de Vicè. Ni siquiera va a ser un choque agónico como a él le gustaría. Un sustito al principio de Luca Toni, dos a cero al descanso y a matar el partido en una contra. Tres a cero y a otra cosa mariposa. Va a ser hasta fácil.
Después mi estimado vecino puede seguir vendiendo humo. Los teóricos, ah, los teóricos.