jueves, 18 de febrero de 2010

Los soles negros

Cerrar la boca, pasar de largo, mirar a hurtadillas, no hacer más que actos de ausencia astutamente espaciados ha servido para algo: de entrada para que JR, buen muchacho pronto a la revolución del pan de los abrazos, se invente una mitología extraña sobre lo que fueron los tiempos de la cretina hecha verbo y contador de visitas. Viste la carne enjuta del viejo tusitala y se lanza a las colinas a contarle a los niños historias de otro tiempo. Los cretinos ¿no oyeron hablar de los cretinos? Sentaos en corro, sacad del zurrón pan y queso y escuchad, porque he de hablaros del oro de un reino perdido. El problema, lo que no ignora el buen tusitala, es que los niños que le escuchan, son los protagonistas de aquella historia que, honestamente, no fue para tanto. A los niños-viejos les hace bien, no obstante, escuchar en buena prosa el relato de lo que no sucedió, la vindicación de unos textos cuyo valor, ay, fue el método.

En lo alto de las montañas grises se sigue escuchando el estrépito de las cornamentas de los viejos machos siempre en berrea. Angresola y Forlati insisten e insisten, topan y se admiran, echan humo blanco por los belfos, se encaraman a la roca del recuerdo, firman bellas postales de cabriola y corren al centro del valle a encontrarse de nuevo en mitad de un trueno.
Al otro lado del mundo, la comtessa, persiste en los modos de la sirena y canta roqueríos afilados y carne alada contra la que se astillarán los barcos.

De este lado la Morena retrospecta que da gusto. de aquél Baidal baidaliza. Y Vicé se hurta del don y apaga las luces.

Decir que la cretina no escribe es como llorar porque la cena se acaba cuando aún estamos en el primer plato. Pero así somos, supongo, seres manchados de fatalidad que viven para el recuerdo. No anticipamos la tragedia por nada en concreto, muchachos, sólo porque, en el fondo, vinimos por la tragedia y ya andamos con ganas de un buen fracaso que llevarnos a la boca. Un epitafio contante y sonante que hacer rodar sobre la barra.

Así que de momento no agüen el vino que no es para tanto. Casi nunca es para tanto.

miércoles, 20 de enero de 2010

El libro de Manuel, fragmento


"La violencia-hambre, la violencia-miseria, la violencia-opresión, la violencia-subdesarrollo, la violencia-tortura, conducen a la violencia-secuestro, a la violencia-terrorismo, a la violencia-guerrilla".


El texto se comenta solo.

martes, 19 de enero de 2010

En casa de Jaccard


Consultado internet, contada mi deficiente interpretación de la lengua francesa, y descontando otros rigores, concluyo que Roland Jaccard sigue vivo. La información no tiene nada de particular, hay mucha gente que sigue viva, aunque parezca increíble. Yo mismo, a ratos, creo estarlo.
Igual debería escribirle ahora mismo a Roland Jaccard, hacerme pasar por un encendido admirador suyo, mejor admiradora, mejor rica admiradora, mejor soltera o viuda rica admiradora, y conseguir su dirección; subirme luego a un avión y plantarme frente a la puerta de su casa, esperar paciente a que me abra y, entonces, estamparle una sonora bofetada con la mano abierta. Luego sólo quedaría guardarme el arma rudimentaria aún caliente en el bolsillo y largarme por la acera, silbando, mientras a mi espalda suenan las atropelladas protestas del escritor francés. Mucho merde alors y sacrebleu – aunque la portadora del manto no sea nada de ese señor tan distinguido y tan culto ni mío – y llegar entretanto a la esquina, a esperar que la vida se parezca por una vez a las películas y aparezca un taxi justo cuando es preciso.
“La enfermedad es la única obra de arte pura a la que puede aspirar el hombre”. Si se piensa bien es para volver y practicar una segunda bofetada en la cara de Jaccard. Estar enfermo no tiene nada que ver con el arte. De hecho estar enfermo y saberlo es de las cosas más jodidas que puede haber. El arte es otra cosa que no se parece a esta invalidez para lo cotidiano maravilloso, a esta angustia que no cede a la tisana ni a la lectura, que me saca de la cocina por nada y me parcela el tiempo en periodos de dos minutos entre los que se abre una misma falla vibrante. O mejor dicho, es terrible suponerse enfermo, asumir que el cerebro no es capaz de diagnosticar su propio funcionamiento, girar los ojos al torrente de la sangre y calibrar su pureza o penetrar la trama de los músculos para detectar el trabajo que ya ha hecho la muerte.
La frase de Jaccard sólo sirve si uno es un redomado cobarde. Porque entonces estar enfermo sirve para excusarse de no hacer nada y poder vivir ya de una sólo en el plano de la potencia, de lo proyectado. Traducido: tengo una idea excelente para un negocio, pero no lo pondré en práctica, es que estoy enfermo. Convendremos que para ciertos espíritus esa exclusión de la posibilidad del fracaso puede ser muy confortable.
Para estos casos la literatura no sirve. Cuando la ciencia dice que no, es mejor no perder el tiempo con las pequeñas esperanzas que ofrece la poesía. De hecho es mejor no fiarse en absoluto de la poesía. La ciencia ofrece su diagnóstico sin pasión, se centra en el individuo y se ciñe a sus circunstancias exactas, sin añadir ni quitar nada, sin importar que el doctor la noche anterior se haya descorchado un par de botellas y haya estrellado la última contra el vestidor donde aún cuelgan, como banderas derrotadas en la vitrina del British Museum, ciertos vestidos de noche con pedrería de la que por la mañana vendrá a liquidar. A pesar de todo esto, el doctor verá blanco y como no le importa dirá blanco, como no tiene vocación de crear dirá blanco, como tiene ganas de irse a almorzar dirá blanco. El poeta jugará sin embargo sus sucias tretas y se enredará en esperanzas o pesimismos que son solamente los suyos. Si el poeta dice aguante joven, dice aguante al joven que ya no es. Si el poeta dice está usted muerto, aunque sea con metáforas de funambulistas y cáscaras y rosas (Dios nos libre) estará rellenando el atestado de su propio accidente. O en todo caso, si es de los buenos, acertará con el diagnóstico, pero lo cargará de interpretaciones. Oh, está usted gravemente enfermo, pero note, note esta dicha crepuscular. Sospecho que la lista de los abofeteables tiende a infinito. Mejor que el taxi me lleve de vuelta al aeropuerto. Aunque me den miedo los aviones. Casi tanto como la enfermedad.

domingo, 17 de enero de 2010

Domingo


Domingo de zapatillas de paño y tres periódicos, de boquerones que la Morena enharina con el jersey por los codos, pequeños libros plateados que unen con un pasado de cacerolas rojas y viernes de cuaresma, haikus de vientre pardo y enseñanza larga, cardumen mínimo que salta cantando al fin de la noche.

Tarde de recordar que ningún hombre de letras puede no gustar de Quevedo, orgullo pueril de que me guste Quevedo, de indagar en vano el vasto google en busca de un cuento que me refirió una vez Mor, quiero pensar que en el banco de un cementerio, aunque la probabilidad de que la imagen, por evocadora, sea real es casi nula.

Siesta de pensar que si nos hacemos una herida jugando es un drama y que ese discreto punto de sangre en la espalda es escándalo, madre, venda y mira que si te quedas tonto. Pero si fuera una lucha a espada en las Hébridas, si caída del caballo y giro sobre la escarcha para evitar una estocada final, entonces la herida es buena suerte, es amigos que suspiran felices y coraje para rato. La herida es la misma, pero el juicio cambia por una cuestión de probabilidades distintas. En la siesta se suelen pensar cosas sin hilo ni moraleja. A veces en noches lluviosas en la boca de una cueva con la capa empapada sobre los hombros y las manos en una escopeta de dos cañones paralelos, mientras, detrás de los árboles, aúlla el lobo y repta el enemigo. No se crean, son ficciones felices. Un símbolo del sueño como tregua.

Y tarde de recordar que venga lo que venga, difícilmente vendrán cumbres más espléndidas que las del viernes. En el Slaughterhouse, todos ustedes me hicieron, con su alegría, inmerecidamente feliz. Luego, con treinta y dos copas de más, esperé a las puertas de Ruzafa a que el café surtiera efecto y a que el aire de la mañana me salvara. Después llegué a casa, encontré una carta extraña en el buzón, hice acopio de tabaco y alimentos con la Morena y hasta ahora.

Hay domingos en que sucen cosas así. Y son hermosos.
Nota: ¿Qué porqué un barco para ilustrar el texto? No me hagan explicar según qué cosas a estas alturas.

domingo, 1 de noviembre de 2009

El discreto encanto del desamparo


Los enemigos dejan de tener gracia cuando la ira que nos provocaban se vuelve ternura. Entonces todos los agravios, las recíprocas violencias, las conspiraciones, todo, se tienen que resolver en un abrazo avergonzado, en una última mirada cargada de adioses y sirenas.


El Follonero entrevista, dialoga con Federico Jiménez Losantos en la fiesta de veinte aniversario de El Mundo. Su último encuentro abundó en fintas y mojadas de trazo grueso. Eran búfalos fuertes. Retumbaba la pradera. La de hijos de puta que tengo que aguantar, sonrió Losantos. ¿Lo dice por mí? retó el Follonero. No, ¿cómo puedes preguntar eso? confirmó el riojano. Entonces Federico era la voz franquicia de la COPE. Nada escapaba a su inteligente malicia. Daba igual que fuese la previsión del tiempo, el estado del tráfico o una sesión de control al gobierno. Federico arrastraba sus erres timoratas entre descalificaciones, astracanadas y otros artefactos bóricos. Era la España inmortal dando cera, zurrando la badana, contando las costillas, ganando, de nuevo ganando y poca broma.


Desde su lado del ring, la Sexta montaba sus baterías comerciales. Queremos una televisión que embrosquile al consumidor alfa para cuando se ponga el próximo sol, decía Jaume Roures, y así tendió una cabeza de puente en la carismática figura de Jordi Evole, un guionista reconvertido a actor y amamantado en los abundantes pechos del Terrat.


Eran buenos broncos tiempos. Días de héroes y sangre. Pero el tiempo pasa y los antagonismos que nos ayudan a vivir desaparecen. Perder a un enemigo es peor que perder a un amigo o a un amor. Si tus amigos y tu parejan te traicionan siempre te puede quedar el áspero consuelo del odio, pero, si un enemigo te deja ¿entonces qué? Entonces nada, entonces bajar la mirada, entonces las puntas de los zapatos, la mano en el bolsillo, te veo estupendo, sí, yo también te... bueno me esperan por allí. Adiós.


Federico ya no es Federico. Le pegaron un sotanazo y fuera de la Cope ya no es Federico. Tampoco en El Mundo, aunque cultive la figura del outsider ahora que Pedro J y Zapatero mojan las tostadas en champan en una cama de hotel. Federico está solo. Peor que solo. Le acompañan sus recuerdos, la nostalgia de una grandeza que no llegó a suceder. Siempre le querremos don Federico, dijeron los suyos, pero era mentira. Por lo menos lo sabían.


El reencuentro entre el Follonero y Losantos ha sido la encarnación de la tristeza. Federico es más bajito aún que Jordi, y se abarloaba a él como un niño, se quería cerca del brillo de la cámara de La Sexta. Junto a él pasaron el ministro Sebastián, Zapatero y Pedro J. Lo miraron como al cuñado borracho que vomita en la puerta luego de la cena de Nochebuena y nos da asco porque sabemos que dormirá solo en una habitación sucia llena de pañuelos con semen acartonado. Los tres se fueron riendo. Se fue el Follonero después de abrazarlo. Federico se permitió un último capotazo desmayado. Al otro lado del arco de seguridad la fiesta abría su cola de pavo real para los nuevos amigos.


Losantos seguía sonriendo. Sin entender muy bien quién era ahora. Ahora que ya no era más un enemigo. Ni siquiera un enemigo.

lunes, 15 de junio de 2009

Más tonto que una ortiga


Lo que Marx no sabía es que el colapso del capitalismo vendría de la mano de tipos tan poco sospechosos, a priori, como Joan Laporta. Lo que yo no sabía es que Pedro Muelas alcanzaría en público tales grados de abyección intelectual y moral.


Caso Cristiano Ronaldo. El Real Madrid desembolsa 94 millones de euros y se hace con los servicios de un jugador de fútbol. El Manchester cobra 94 millones de euros y se deshace del tal jugador. Y el apocalipsis. Joan Laporta se descuelga con algo parecido a que la gestión económica de Florentino Pérez es imperialista. Pedro Muelas, en la ortiga, se descuelga con una comparación de parvulario entre las necesidades del tercer mundo y el gasto del Real Madrid. Como telón de fondo la crisis mundial y la supuesta irresponsabilidad de gastar tanto dinero con la que está cayendo acá y acullá.


Un par de reflexiones rápidas. Si la empresa X - pongamos una eléctrica - adquiere el 47% de la mercantil Y - pongamos una cementera - por 100 millones de euros no sólo no es imperialista y obsceno en tiempos de crisis, sino que es saludado como un movimiento a imitar, una inyección de líquido en el mercado que generará movimientos proporcionales a su alrededor, creará puestos de trabajo que generarán consumo que generarán impuestos directos e indirectos que generarán "brotes verdes" en la economía. ¿Me explica alguien la diferencia? ¿Me explica alguien la inmoralidad del asunto? De hecho ¿me explica alguien qué carajo hacemos hablando de moral? El capitalismo es inmoral e imperialista por definición, así que podemos poner en tela de juicio el sistema - y me parecerá bien - pero no que uno de sus actores observe sus reglas. El fichaje de Cristiano Ronaldo, rendimiento deportivo al margen, es un colosal movimiento financiero. De esos que reclaman los gobiernos cada vez que les ponen un micrófono delante y no se acuerdan de hablar del Falcon.


¿Es más inmoral gastarse 100 millones de euros en un futbolista que gastárselos en tres? El Valencia pide cincuenta quilos por Villa y, siguiendo la lógica de la ortiga, lo que debería hacer una vez ingresados es ponerse a construir escuelas en el Congo y financiar la lucha contra la malaria. Permítanme que ponga en duda que tal cosa suceda. Si finalmente el Manchester ficha a Villa por 52 millones de euros ese dinero se invertirá en paliar la deuda del conjunto Ché y con un poco de fortuna y sentido común en retomar la construcción del estadio. Un estadio completamente adecuado a moral según parece.


También se escucha estos días la siguiente reflexión. ¿Cómo los bancos dan préstamos al Real Madrid y no a los particulares, las pymes y tantos y tantos necesitados? En primer lugar parece que sólo se le preste dinero al Real Madrid. En segundo lugar los bancos lo que hacen es un estudio de riesgo (bastante laxo hasta la fecha y así nos vemos donde nos vemos) en base al cual deciden. Si un banco te presta diez es que va a ganar setenta. No es caridad financiera sino perspectivas de negocio. ¿No era tan urgente que los bancos tuviesen dinero y confianza para que todo volviera a rodar?


Volviendo al caso de Prensa Ibérica, grupo editorial al que pertenece el suprascrito de la ortiga, adalid del reparto justo de la riqueza. Supongo que no tuvo huevos a decirle a Moll que en vez de comprarse la 97.7 radio por un pastizal le diera el dinero a aldeas infantiles. Supongo. Aunque claro, igual es que yo soy un capitalista sin corazón y el peso de mi duro sombrero de copa me impide pensar.


Miren, si se trata de darle una patada en el culo a este sistema económico depredador, asesino y sin futuro, cuenten conmigo. Pero para hacer el gilipollas, no. Eso ya lo sé hacer yo solito. Y me sale de vicio.

miércoles, 10 de junio de 2009

Naturaleza Muerta


Votar en la Comunitat Valenciana o eres del PP o es un puto acto de fe. Y de fe ando escaso, en descubierto, en números rojos que no son tan rojos.


Descartado el Partido Popular por razones de incompatibilidad ética, estética, económica, religiosa y legal, repasemos el resto de alternativas.


El primer perseguidor, dizque a unas cuantas lunas de distancia, es el PSPV.

¿Qué cosa es el PSPV? A bote pronto un partido profundamente mediocre. Recuerda a esos equipos de fútbol que llegan desfondados al último tramo del campeonato y que no se sabe si defienden o atacan. Tiene un escudo con historia, pero esa camiseta lejos de ganar partidos encabrona y moviliza a la afición rival aunque sea por lo que pueda tener de amenaza atávica. También a esos boxeadores que se acostumbran peligrosamente a besar la lona y no se sienten seguros fuera de su horizontalidad vencida. Una cosa es la dignidad del derrotado que bla, bla, bla, y otra muy distinta ser un paquete. Los paquetes no gustan a nadie. No conquistan a rubias fatales cuando quiere amanecer y ya están cerrando y es agua el último hielo de la copa. Sólo asquean ligeramente al gorila que lo lanzará al asfalto mojado con una mueca de asco.

El PSPV debería definir una estrategia y cumplirla apasionadamente, a toda ultranza.

Si quieren hacer oposición destructiva, cojonudo. Pero entonces no hay que desfallecer hasta enviar al último oponente al infierno a bayoneta calada. Esa fue la estrategia de Aznar de principios de los noventa. Facilona pero efectiva. Ellos no saben. Les sirven el plato en bandeja (Gürtel, Fabra, Alperi, Orange Market, despilfarro, sanidad, educación, Rus y arriba España) y les falta diente.

Quieren hacer oposición constructiva, pues mejor aún. Entonces cada día ha de suponer un vasto esfuerzo por explicar cuál es su proyecto de sociedad, cuál su giro a la izquierda, cómo será la realidad un día después de que gobiernen. Lo que Anguita llamaba programa, programa, programa. Tampoco sirven para eso. Porque no tienen proyecto. Sólo miedo.

Cuando criticaron tibiamente la F1 el PP tronó ¿No queréis F1? decidlo. Y no lo dijeron. Callaron como putas por un puñado de votos. Cuando el VCF los acusó de enemigos del pueblo valenciano, callaron de nuevo como putas. Cuando el estatuto, callaron como putas y luego corrieron a llorar por su honra ultrajada. El problema del PSPV es que no pretende otra cosa que hacer lo mismo que el PP pero que la pasta acabe en su bolsillo. Con los casos de corrupción urbanística tres cuartos de lo mismo. Son los mismos perros y casi con idéntico collar. Hasta que el PSPV no deje de ser una cueva de tecnócratas flowerpower y se definan, hasta que no privilegien la sustancia a la imagen, hasta que no sepan qué carajo quieren hacer, no cuentan.


La siguiente formación es entrañable. Compromís, el paraguas raído bajo el que se mojan Bloc y EU nació muerta. Necesitaron meses para cerrar un pacto porque se encabronaban, creo recordar, por quién sería el número 3 por Alicante. Bravo. Stupendo. Era una formidable declaración de intenciones. En cuanto a las razones de Eu ellos sabrán. Divididos en Esquerra i País, los restos del ala fundamentalista y Projecte obert sólo necesitaban a la gente de Morera para acabar de pegarle fuego al gallinero. Ahora me cuentan que Gloria Marcos ya no se tiñe el pelo y no da conversación a los taxistas. Ella aniquiló a las voces críticas. Ella sabrá. ¿Y el Bloc? ¿Qué coño es el Bloc? En cuanto acaben de definir qué es para ellos el valencianismo político y cuál es su proyecto social y cultural entonces empezaremos a hablar. De momento niet.


Fuera del arco parlamentario coexisten diversas fuerzas políticas de distinto pelaje. A un lado la ultraderecha. Nada que comentar. Tápense la nariz y sigan caminando, por favor. Luego los colgados de los canutos, los antitaurino y el partido de los señores narigudos de más de cincuenta años que aprendieron a conducir con un seat panda. Estos no cuentan.


Al otro lado del ring, nacionalistas y regionalistas. ERPV que es un poco como el cuñado farsante de todas las bodas, el que ha venido a beberse la barra libre y a ver si le quita a bocados las bragas en el baño a Lupe, la camarera casquivana. UV, muerta. CV, muerta. ONV? Bueno, a parte del afecto personal que le tengo a Carles Choví tampoco su formación me ofrece gran cosa. De un lado un intento más bien timorato de superar el conflicto lingüístico. En el resto de materias... un segundo que me leo el programa y ahora vengo. Dan la sensación de ser aquel pirómano bombero que vivía en un pequeño agujero. ¿Recuerdan la canción? Yo sí.


Así que de cara a las próximas autonómicas lo tengo jodido. Muy jodido. Creo que necesito que venga Leire Pajín a aclararme las dudas.

domingo, 31 de mayo de 2009

MIRYMOR

Es horrible, muchachos, horrible. Me cuentan fuentes de ninguna solvencia, me susurran ladrones embozados en la niebla, me canta un pajarito maricón desde las brasas...que MIR y MOR vuelven a actuar. Terrible, señores. ¿Dónde está Al Gore cuando se le necesita?
El miércoles, si ninguno de ustedes lo impide, (fanfarrias, redoble, aullidos) grandioso espectáculo de monólogos, cuentos, bailes agarraos e introducción al parto acuático en la sala Convento 55, antiguo Gran Caimán - muy cerca de la Estación del Norte y paralela a la calle Pelayo - ). A partir de las diez y cuarto de la noche.

La entrada es libre, así que sólo tienen que sentarse, pedir su combinado favorito, encender el cigarrillo y prepararse para más de una hora de intenso disfrute.

Esta es la tercera vez que MIR y MOR actúan y podría ser la última. Así que si ya se perdieron la caída del muro de Berlín, si no estuvieron en Cabo Cañaveral para la misión lunar y no guardan ningún llavero de naranjito, no dejen que la historia les vuelva a dejar a un lado. Corran a ver a MIR y MOR y ganen distinción, felicidad, elegancia y buen sexo.

El miércoles 3 de junio. En la sala Convento 55, a partir de las diez y cuarto... ¡¡¡¡Los maravillosos* MIR y MOR!!!!

*La dirección de esta página no está necesariamente de acuerdo con el adjetivo.

jueves, 7 de mayo de 2009

AUDIÈNCIES


Los que hayan pasado por casa de Forlati - devuelvan las cucharitas de plata, bellacos, que las tiene contadas - sabrán que los artífices de AU, Agenda Urbana, se embarcan en nuevo proyecto destinado a dinamizar por la vía de lo íntimo la carta musical valenciana.
Tal vez sea cierto que se valoran poco las cosas accesibles. Yo tengo la fortuna de encontrarme el AU recién salido del horno en la oficina. Es lo que tiene estar bien relacionado, amigos; a uno no le hacen trajes a medida en la calle Serrano, pero le traen el AU. Diría que esto no tiene nada de comprometido, pero callen, callen que nunca se sabe cuándo vamos a tener que gritar en la fría mazmorra aquello de te quiero un huevo mientras el verdugo nos aplica, pongo por caso, fotomontajes del careto de Alfonso Rus sobre el cuerpo de Rita Barberà.
A lo que íbamos que me voy del tema. Constantinopla entera celebra, saluda y recomienda encarecidamente que echen un vistazo al proyecto AUdiències. Como dice Forlati, que de noches descarriadas y acordes disonantes tiene un máster intensivo - suicida -, pasará directamente a la categoría de favoritos.
A veces estamos tan ocupados quejándonos de que Valencia huele a naftalina, de que no se hace nada, que cuando un grupo de trabajadores con talento, sensibilidad y olfato artístico, nos proponen algo valioso, vacilamos. Lo olemos alrededor como los gatos escaldados, le aplicamos la punta de la lengua temerosos, lo rozamos así con la yema de los dedos y tendemos a no creernos nada. No es el caso. Quien lo probó lo sabe.
Larga vida, intensa noche, buena música. Ustedes saben que desde las murallas de Constantinopla no mentiríamos sobre estas cosas. Con las cosas de bailar (y otros verbos de la primera conjugación) no se juega.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Numancia o Stalingrado


Después del bochornoso episodio de censura Enric González vuelve a su tribuna de El País. Sin revanchismos. Con elegancia. Cierra su artículo de desagravio con la siguiente reflexión: es cierto que estamos rodeados, la incógnita está en saber si al cabo de este sitio mereceremos el final de Numancia o el de Stalingrado.
¿Saben? Yo elijo Stalingrado. De este lado de la vergüenza ya llevamos cincuenta millones de muertos, y contando. Pero el enemigo acabará huyendo, quiero verlos comer su propia carne enferma durante la huída, quiero verlos temblar de frío, hostigamiento y miedo, quiero que encuentren su tumba en la nieve. No llegaremos vivos al final del combate, ustedes y yo no veremos nuestras ciudades libres, pero cada día que pasa, cada tirador que apostamos en las ventanas de los edificios en ruinas que dejan sus columnas de artillería y la panza negra de sus bombarderos es un paso hacia su derrota. Rodeados, pero no vencidos. Si vinieron a asaltar nuestras casas en la noche que encuentren una andanada de plomo detrás de cada puerta. Si saltaron el muro del huerto para incendiarnos el sueño, que encuentren un hierro en su garganta. Y cuando traten de volver sobre sus pasos entonces sí, entonces volaremos el puente de plata. ¿Qué quieren si nos acostumbraron a la guerra?

domingo, 3 de mayo de 2009

Rodeados

Malas noticias para todos. Censuran a Enric González en el País. Enric, para quien a estas alturas aún no lo sepa, es uno de los mejores articulistas de la prensa española, un hombre culto, tranquilo, inteligente, sensible, irónico, desesperado, un detective salvaje de perfil. Un hombre atento al latido humano de cada historia, un desenmascarador de trileros, un estilista sobresaliente, un tipo que transmite honestidad cuando escribe, y eso es mucho, eso es casi todo. También nos ha regalado dos magníficos libros que no me atrevería a etiquetar como "de viajes". Historias de Londes e Historias de Nueva York son otra cosa. Historias de Roma será también otra cosa. Muchos días biennacieron con la llamada de teléfono de algún amigo. ¿Has leído el artículo de Enric? Entonces todo iba bien. Uno entraba en su tribuna, lo disfrutaba y sabía que esa jornada ya no sería jornada perdida. Tantas veces quisimos a Enric, tantas veces dijimos, coño, cómo nos gustaría tomar un whisky con él, al fondo de cualquier bar, mientras al otro lado del vidrio la noche abre sus alas y promete varias horas de suaves confidencias, de risa salvaje, de silencio respetuoso. Por eso hoy es un día de mierda, día malnacido, día perdido. Enric González ha dicho lo que pensamos y sufrimos todos en este barrio. Qué querían si ya dijimos que es un desenmascarador.
Cada blog, cada ciudad sitiada, cada Constantinopla, cada Mercado, cada viejo Bar vecino reproducirán este artículo. Lo multiplicarán. Uno se siente un poco más digno esta mañana haciendo esto, haciendo de esforzado altavoz de uno de los nuestros. Con su permiso. Con el debido respeto.


RODEADOS

No he visto aún el arranque de Operación Triunfo, en Telecinco. En realidad, a la hora de escribir estas líneas (19.30 del miércoles), el cuerpo me pide que me abstenga. Pero cuando el hipotético lector tenga este periódico en las manos, o en la pantalla, las cosas habrán empeorado. Y yo, con toda probabilidad, me habré autolesionado con un electrodoméstico, con un televisor, concretamente. O sea, habré visto OT. Y habré asistido a la presentación de Ramoncín, paladín de la propiedad intelectual y de los derechos de autor, como miembro del ilustre jurado. Es de suponer que para entonces, mi mañana y su hoy, andaré aún peor de ánimo. Quién iba a decirle a uno que acabaría añorando a Risto Mejide.Lo que puede ir mal, va mal. Eso ya lo sabíamos. Aun así, resulta difícil no apenarse ante el presunto fichaje de Francisco Rivera, también conocido como Kiko o como Paquirrín, por parte de Sé lo que hicisteis (La Sexta). La gracia de ese programa solía consistir en la aparente distancia con que se abordaban las monstruosidades televisivas: emitían trocitos de basura, pero era basura ajena, fenómenos frikis de otros espacios, de otras cadenas, y envolvían el producto con una ironía sarcástica. La incorporación del señor Rivera, como monologuista, aprendiz de monologuista o lo que sea, constituye un cambio cualitativo: Sé lo que hicisteis incorpora su propio monstruito. Si Ana Rosa Quintana tiene a Belén Esteban, ellos tienen al señor Rivera. Francamente, no creo que puedan reírse los unos de los otros. Si acaso, podrán comparar la magnitud de sus respectivas tragedias.Todo esto induce al pesimismo.Uno lo ve todo negro. No quiero ponerme en lo peor, pero cualquier día, en cualquier empresa, van a rebajar el sueldo a los obreros para financiar la ludopatía bursátil de los dueños. Ya sé que exagero, que esas cosas no pasan. Pero antes tampoco pasaban cosas como la de Ramoncín y Paquirrín, y ya ven. Como decía Manolo Vázquez Montalbán, estamos rodeados.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Suecia (I)


Me exiliaré a un país frío donde a media tarde no haya sino entrar a un café de Haga, por ejemplo, a mirar el candor de los parroquianos. A una ciudad en cuyo centro se extienda un frondoso bosque de hojas heladas y troncos desnudos tras los que se oculte el ciervo. Navegaré entre islas semidesiertas donde los cuervos grises se emparentan con el pingüino y siempre hay un tipo que empuja una carretilla en el astillero abandonado. Dejaré que me lleven los cargueros de madera cuando el Ferry se haya ido. Göteborg, pronúnciese Jiotevor. Ciudad industrial del sur de Suecia de menos de un millón de habitantes partida por un tajo del Mar del Norte. Debemos a la hospitalidad de mi primo Luís la estancia y a una botella de ron Santa Teresa algunas tardes de gloria mientras al otro lado, cerca del lago la temperatura cae a cinco grados bajo cero.

Fueron a penas cuatro días, suficiente para tomar el pulso a un lugar que transita con soltura entre lo fantástico y lo pedestre cotidiano. El turista mal acostumbrado tiene perpetua tentación de apartar el objetivo de su cámara de las cúpulas de las iglesias y fotografiar con una mezcla de ira y devoción los huecos de aparcamiento libres en el centro, en cualquier lado. Los milagros del transporte público, de una red de tranvías como sacados de una película de espías, de un servicio de autobuses puntuales, naaaaasda haaaaarlaaaanda. El sueco, escuchado de primeras parece un idioma bobalicón, vagamente emparentado con el inglés. Los suecos, vividos de primeras, parecen unos tipos dispuestos a cualquier cosa menos a discutir. Confiados, suaves. Incluso los orgullosos ángeles del infierno locales, estética a parte, están dispuestos a abrirte la puerta de la sala de fumadores del Rock Baren, eso sí, si no llevas una bebida alcohólica en la mano. Atención especial a las mesas de black jack en las que se pagan las posturas con fichas intercambiables por cubatas.

Debe ser eso, mala costumbre del turista acostumbrado al horror, lo que hace que la sensación de felicidad animal sea instantanea en los frondosos bosques nevados o al pisar la gruesa capa de hielo de un extenso lago. En el centro del país existe otro bastante más grande. Como la provincia de andalucía más o menos. Debe ser eso, una sed ancestral saciada de golpe y por aluvión.

Varias veces pensé que allí (o en un lugar similar, me faltan Noruega - y espero cumplirla a cuenta de la Comtessa en cuanto se instale y suban las temperaturas - y Finlandia, vieja obsesión que le debo a mi compadre Jesús) podría ser feliz. Podría plegarme a esa vida y esas imágenes terribles. Disculpen los italianófilos de la blogosfera, pero de mediterráneo al final va a resultar que tengo lo justo. Si acaso la bahía de Xàbia y el resto se lo pueden quedar. De hecho ya lo están haciendo. Eso sí, llegado el momento, si me van a visitar, avisen con tiempo para que no les abra en calzoncillos largos. Ninguno de ustedes merece pasar por semejante trance.

Ahí les dejo un penúltimo reto: Göteborg es la ciudad de los guantes perdidos. ¿Adivinan por qué? La solución en la segunda entrega sobre Suecia.

Todo esto, claro, con la morena, inmejorable compañera de viaje y exilio.

lunes, 26 de enero de 2009

Holmes en la noche




El detective Holmes llegaba tarde. Debía estar en el caserío de Lougbrought antes de la hora de la cena, pero una fuerte tormenta trababa el avance del coche de caballos que hundía pesadamente sus ruedas en el fango del camino. El agua se convertía en humo fatigado al contacto de la grupa de los caballos y el cochero, arrebujado en el pescante hasta no ser más que una sombra entre los amarillos faroles temblorosos, no sacaba de ellos un paso más por mucho que abusara de la blasfemia y el látigo. Contrariado, Holmes, se asomó a la ventana de la portezuela, sacó la cabeza y le gritó al hombre que se detuviera. Estaba a punto de anochecer y le pidió que se detuviera allí mismo y apartase el coche del sendero. Pasaremos aquí la noche, dijo, al abrigo de los árboles. El hombre del pescante no discutió. Habían seguido el camino principal durante algunas horas, trotando alegremente entre el dorado otoñal de los árboles y anchas extensiones de tierra roja. Después el cochero siguió un atajo que, con las horas, la oscuridad y la tormenta, los había perdido irremediablemente en medio de ninguna parte. Cuando estuvieron fuera del camino, el conductor desenganchó a los caballos y se apeó a abrir la puerta de Holmes. Sherlock Holmes protestó; de ningún modo iba a consentir compartir el angosto habitáculo con aquel hombre durante toda la noche. Le recuerdo señor, dijo Holmes con suficiencia, que la culpa es enteramente suya, así que hará bien en dormir con los caballos. Aquí le dejo una manta por si la necesita. El cochero, un bulto oscuro y chorreante, abrió de todos modos. Un relámpago incendió la noche y Holmes vio el destello negro del cañón del revólver que le apuntaba a la frente y la cólera fría, el rencor añejo de unos ojos completamente familiares. ¡Maldita sea Watson, es usted! Elemental amigo Holmes...


Primer aniversari de la Cretina Comèdia

domingo, 21 de diciembre de 2008

El perdón y los tres hombres

Aquel día hacía viento, un viento hombrón, mojado, violento, el mismo que a menudo hace que se demoren los vuelos entre Orta y Flores y zarandea la barca neumática de Vasco cuando vuelve cargado de garopas y ella lo espera en el acantilado con los prismáticos, el que nos hace cerrar los ojos porque se adivina en sus entrañas una caballería crepitante de tierra. Los tres hombres, sin embargo, no cierran los ojos. Sus miradas resisten impávidas el embate de los elementos y la historia y si no fuera por el flequillo untoso del tercero, el más bajito, nada sabríamos de lo que ocurre. Los tres hombres deciden matar a centenares de miles de hombres para salvaguardar la seguridad de otros tantos. No exactamente. Los tres hombres fuertes deciden matar a centenares de miles de hombres para ver qué pasa, un poco por hacer, un poco a desgana, sospecho, como el niño que ordena sus juguetes entre reproches callados al utilitarismo estúpido de los padres. Los tres hombres altos deciden que centenares de miles de hombres deben verter su sangre con el furor abosorto con que el niño coloca los juguetes en el cesto de mimbre por que pronto van a dar las cinco, por que pronto van a dar las cinco y papá volverá de dar su paseo y tal vez merienden, tal vez nocilla y luego tele, dibujos, y luego, bueno, luego que importa, luego todo estará bien y el sofá es tan cálido y sí, el niño, el buen niño, está a punto de acabar de estirar las sábanas con sus manitas de dedos torpes y fanáticos en lo que un misil de trazo verde cae en el centro de telecomunicaciones de Bagdad. Los tres hombres están furiosos de amor. Los tres hombres pedirán vino blanco.
De esa foto y ese viento hace ya mucho. El viento sigue devorando la costa de las islas azores y los centenares de miles siguen muriendo, pero los tres hombres partieron de sus palacios dejando habitaciones vacías, escritorios abandonados, gobelinos melancólicos, lunas tajadas, tarjetas, calcetines, clamores. Dos ya han pedido perdón. El hombre inglés y el americano concurrieron frente a su pueblo y frente al viento y se arrepintieron, dolorosamente, sinceramente. Los dos hombres buenos, cristianísimos, hicieron acto de contricción y colgaron del balcón las sábanas de holanda manchadas con la sangre de su mentira y sus crímenes. Los dos hombres, extrañamente, fueron perdonados. O no, eso no importa. Los dos hombres buenos estaban en paz consigo mismo y ya podían darse el inmenso lujo de morirse para lo público y volver a la carpintería del padre a aprender el arte de las cruces y las palomas.
Pero ¿y el tercer hombre? El cristianísimo tercer hombre no pidió perdón. Salió de palacio con el gesto irritado, los hombros rígidos, los intestinos en un paquete sólido, los dedos crispados. A su salida, la multitud de antorchas que cercaba desde hacía días su sueño se partió silenciosa al paso de Moisés. Algún insulto tenue salió de sus filas, alguna mano quiso enarbolar la horca o enviar la piedra. Todo lo congeló la noche. El hombre cristiano, el tercero, el bajito, ganó con paso firme la salida y se perdió entre las hojas de marzo buscando su carruaje.
El tercer hombre también es bueno. El tercero también es piadoso y conoce lo aconsejable de la contricción y los santos óleos. No es vanidad por tanto lo que le impide pedir perdón antes de morir. Es otra cosa. Es certeza de inmortalidad.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Actualización apresurada durante una de las muchas horas muertas que de un tiempo a esta parte me brinda mi trabajo. (Un día de estos post al canto, aunque después los cretinos deberán constituir un fondo de reptiles del que sacar lo que preciso para comer y bailar). Sigo la línea de desgranar, a vuelapluma, sin vocación de exactitud, una lista de seis pequeñas cosas, seis idioteces que me hacen feliz.

1- Encontrar una lectura en el baño de la oficina
2- Ver el intermitente de un coche que va a dejar libre un hueco para aparcar
3- Abrir un libro recién comprado. Tocarlo casi eróticamente. Olerlo.
4- Apagar el despertador y concederme media hora de gracia sin atisbo de culpa
5- Escribir una frase afortunada.
6 - Subir a un tren para un viaje.

Son seis pequeñas cosas, nada sustancial, pero carajo cómo ayudan. Carajo cómo se las piensa cuando faltan. Los elementos centrales de mi dicha comprenderán que se avengan mal con las clasificaciones, con el orden en general, con los buenos usos y la excelente costumbre de la alfabetización. Con el jabón perfumado y las agendas.

domingo, 14 de diciembre de 2008

La niña de guillem de Castro


Pasa todas las mañanas por delante de mi oficina en Guillem de castro; silenciosa, cansada, espoleada por un deseo insatisfecho de llegar a alguna parte que se traduce en una prisa torpe de pasitos cortos y bufidos. Anda frisando la treintena, pero, invariablemente, va vestida con un babi de guardería. Lleva los gordos mofletes arrebozados de colorete, el pelo moreno partido en dos trenzas grasientas, zapatillas de cordones rosas que empiezan a destazarse por los costados como dos castigados caballos de posta al borde del colapso, se hace seguir por el sincopado bamboleo de una carterita escolar. Me gusta imaginar que en la cartera lleva la merienda de los niños felices, colorines, pegatinas, gomas para el pelo, estrellas de mar, fueguitos, cualquier cosa. Cada vez que cruzamos la mirada enfrento dos ojos asustados, estremecidos ante el fragor de la ciudad que la envuelve y la ignora entre sutiles menosprecios y disimulos. No sé a dónde a va. No sé si va a algún lado. No sé si llegará nunca.
Los primeros días me partía el alma, sentía una lástima infinita por ese ser como del otro lado, que se quedó varadito en la nostalgia de la infancia y el miedo a crecer. Tal vez vista frente a frente la edad adulta la sorprendió el horror a manos llenas, tal vez la vida le dio una cuchillada tan profunda que para frenar su sangre a borbotones corrió hacia la región donde todo es seguro, cálido e invariable. Tal vez una larga angustia de la ausencia de papá y mamá, tal vez.
Ahora ya no siento lástima. Ahora, cada vez que nos cruzamos, la animo en silencio, la jaleo con todas mis fuerzas para que siga caminando, para que no sepa lo que pasa a su alrededor. Si está loca, deseo con el alma que esté lo bastante loca como para no saberlo nunca. Si ha logrado erigir un baluarte en su alienación, si ha conquistado trabajosamente la felicidad en su íntimo cosmos, entonces adelante.
Los cuerdos de mierda, seguiremos fumando y mirándola pasar. Con respeto.
(dedica't al Capo de la Vucciria que va encetar magistralment el tema de l'elogi de la follia)

jueves, 27 de noviembre de 2008

ÚItima hora

Un anuncio de televisíón y una noticia de prensa me tienen robado el seso. Fascinación a primera vista. Nostalgia del Ak-47, que dice Pérez-Reverte. De subirse a una azotea y repartir treinta píldoras de plomo al portador, ratatatá, no somos nadie. Después, con un poco de suerte - o merced a las más turbias leyes de la física social - emergería como un héroe en los programas de Tele 5 a razón de 300.000 claveles contantes y sonantes, mi careto sin afeitar abriría informativos, la zorra de Ana Rosa me dedicaría treinta líneas escritas por un negrito zumbón, Canal 9 proclamaría que soy hijo (de puta) de la educación socialista y los curas, ay los curas, consolarían a mis pobres padres entre hipos y eructos de turrón de Xixona.
El anuncio en cuestión es de un nuevo servicio de telefonía móvil que se presenta como un detector de mentiras instantáneo. Algo así como "¿Harta de que te engañen? Ahora podrás saber dónde está realmente." Va dirigido a adolescentes anormales que quieran saber si sus parejas les son o no fieles. Si realmente Pablito está en el cine con Dieguito o le está comiendo el coño a Marisielito. Convendrán conmigo en que Fukuyama se adelantó en predecir el fin de la historia, con la de cosas preciosas que estaban por venir. El sistema en cuestión puede ser leído desde dos ópticas: en primer lugar, y admitiendo de antemano que el detector de mentiras tiene la misma fiabilidad que un dólar extremeño, supone una irresponsabilidad estratosférica. Pongamos, sugiero, que una Paulita cualquiera, de buena fe, se instala el chisme de marras y lo usa para hablar con su novio, Alejandrito. El sistema, aleatoriamente, puede decir que Alejandrito miente y sumir a Paulita en una profunda depresión, acabar con una relación que podía haber dado momentos mágicos, en última instancia alumbrar un breve de sucesos del estilo de "Una adolescente se suicida arrojándose a las vías del metro". Vale argumentar que si alguien de verdad se cree el sistema y es tan retorcido como para utilizarlo tiene bien empleado que se vuelva contra él. Y que si tu novio o tu novia son de esa ralea lo mejor que puede suceder es descubrirlo cuanto antes y darles puerta, vía ancha y mucha mierda.
Pero analicémoslo desde otra vertiente; que en el fondo quienes utilicen el puto detector de mentiras lo hagan empujados por el ardiente deseo de ser engañados, de introducir una tormenta en pijama, una tragedia de living room en sus vidas grises, planas, de gominolas, pajas, canutos y play station. Ellos reciben de la televisión dosis de drama del que no participan y tan acostumbrados están a reproducir patrones enfermos, a comer carne cruda, que si se juzgan por un instante fuera de la arena del circo se dan por muertos. En cualquier caso, si aciertan el prefijo de Constantinopla y les da por llamarme les garantizo una sarta de mentiras, pueden ahorrarse enviar "mentira" al 7505.
La noticia en prensa, ay, la noticia en prensa... es una de esos bombones que de vez en cuando nos brinda la realidad en una bandeja de plata. Un bocadito selecto de locura. El muy honorable pueblo de Náquera (¿Seguirá siendo concejal allí el presidente de UV José Manuel Miralles, a quien la infamia tenga en sus índices?) ha cambiado el nombre de una avenida. La vía que antes se llamaba José Antonio (¡¡¡presente!!!) ahora pasa a llamarse Barak Obama. Me la pone dura. Me chifla el tema. Cambiamos la advocación del cirujano de hierro, de un dictador miserable, por la de un fulano que todavía no ha hecho absolutamente nada. Es la lógica de Operación Triunfo, de los reality show, del simulacro, de la prisa. Parámetros como esfuerzo o valía son devorados por el más ventajoso comercio de iconos vacíos, por promesas que nadie tiene que cumplir porque antes de que podamos pedir cuentas serán sepultadas por otras promesas. Ignoro que tal presidente será Obama, pero el tío Julián, el del hortet, tiene más méritos probados.
La realidad es una loca de remate. Ratatatá.

martes, 18 de noviembre de 2008

Los verdugos de Dios


Pocas cosas complacen más a los ateos que pensar en Dios. Pocos caminos tan gratos como los laberintos que ofrece la teología a los diletantes. Si además el ala cerril del cristianismo - pero es otra cosa, como se verá - se tira al monte con la manta, el rosario y el arcabuz, la cosa puede acabar siendo obscenamente gozosa, lujuriosa.
Pensemos en los catolicitos de base, esos que truenan contra la investigación genética y sus posibilidades curativas. Hace poco pedían poco menos que lapidación pública y ataúd de fuego, san benito y espinas, brea y plumas, para la mujer que, para salvar a su vástago parió otro hijo cuyo ¿cordón umbilical? podría sanarlo. Sermonearon desde cuantas montañas abarcó su paso que nada de eso, que iba contra las más elementales leyes de Dios engendrar una criatura con fines curativos, que era poco menos que emparentar a los humanos con el Paracetamol, que si el Divino Hacedor había querido dolor y muerte para el pequeño nada se podía hacer que no fuera preparar los santos óleos y la enhorabuena del ángel. Del mismo modo argumentan contra la clonación de células, la creación ex profeso de vida para salvar otras vidas. Aberración contra natura, camino de impíos.
Dolosamente omiten el hecho central de su tradición, la clave de bóveda de su entramado de creencias y el acontecimiento que posibilitó la idea de la salvación y la puerta a la vida eterna: Jesucristo fue el primer niño probeta de la historia; engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el padre... para borrar la tara no de un hermano sino de toda la humanidad, para lavar con la efusión de su sangre el pecado, para curar el dolor con su dolor. En el caso del Ungido, del Agnus Dei, se le trae al mundo de un modo "artificial" para sanar el mayor de los males, el pecado, el equivalente laico de la muerte. Recordemos que para los cristianos sin pecado no hay muerte, sólo un tránsito en el que, desembarazados de la materia mutable y corruptible, libres de la gravidez del barro, nos elevaremos con la ligereza de una burbuja freixenet a las regiones de luz del Padre.
Así las cosas, los científicos, los partidarios de la investigación genética, no hacen sino segir a rajatabla las escrituras, hacer una interpretación intachablemente ortodoxa del Libro en el que no cabe conjeturar mácula.
Además media una diferencia favorable a la nueva versión de la estrategia. El niño nacido para salvar a su hermano no está de antemano predestinado al tormento de la cruz, tiene posibilidades de salir adelante y convertirse en un individuo libre y completo. Tiene por tanto una potencia que no tuvo el mismísimo Cristo.
Lo jodido de la oposición de los católicos es que su único motor de pensamiento es el oportunismo político, que no actúen en tanto que católicos sino en tanto que de derechas, que antepongan el rédito electoral de los que permiten que sigan apesebrados a la escuálida teta del estado al ejemplo del mismísimo Dios.
Otra diferencia a vuelapluma: María no decidió ser madre, sino que aceptó lo que Otro había decidido por ella y se convirtió en un simple instrumento del plan de la redención. Una señora cuyo único mérito fue, atendiendo a tradición, la credulidad y la renuncia. Dos condiciones sine qua non para ser una víctima perfecta, para devenir infinitamente maleable en las manos adecuadas.
Ya ven, amigos, yo me podría plantear ser cristiano, pero los propios defensores del dogma lo niegan y así no hay quien se anime.
Ite missa est.

martes, 11 de noviembre de 2008

sopa de barco


Instrucciones para hacer una sopa de barco (o el vertiginoso equilibrio panzudo de la sepia)
1. Dótese de materiales flotantes. Los encontrará en la cocina, justo entre el tarro de nescafé y los spaguetti; son esas pequeñas bolitas como de polvo pero dócilmente desembrollables, palabras longilíneas, cursilíneas, imágenes de usted respirando, redondas canciones de tela, piernas como columnas, lagartijas de humo en fuga por las paredes del bar donde le susurraron la gran diferencia, taleguitos del moro, cochecitos del blanco, negras carreteras, firmas de carmín, engolamientos, nostalgias, albahaca.
2 Descanse por el momento. Admire los materiales puestos a secar. Permítase algo largamente negado. Silbe como una cafetera. Cántese un temita que se derrame por el deslunado, que se encarame a los caños de desagüe, entre al galope en casa de los ejemplares vecinos, galope esquivando las patas de latón verde de la mesa, zigzaguee al capricho de las baldosas, tuerza a la derecha, remonte la cama de matrimonio aprovechando un hilo suelto del edredón, se enrosque en las piernas de la esposa olvidada y le inocule, lento, húmedo y brillante, las ganas de cerrar el libraco de Savater y cantarse los ocho compases siguientes del temita.
3 Llame a su madre y cuéntele sus planes de hacer sopa de barco. Déjela llorar cuanto desee.
4 Superadas las fases anteriores llegamos a lo bueno. No se deje espantar por el método. Ahora sírvase llenar un recipiente con agua. Llueva generoso hasta anegar los caminos de la circulación mayor y menor, moje a dos carrillos, pantagruélicamente moje su vida, hasta que todo adquiera la condición bamboleante y de luz quebrada del fantasma, lo mismo el asiento trasero del coche que esputa en el vertedero del tiempo que la cocina donde tomó café la mañana en que decidió partir, lo mismo los pasillos cadavéricos que el llano sembrado de guijarros, lo mismo, idéntico, no se complique. Inunde a patadas las estancias de amigos y enemigos y no sufra, los buenos sabrán convertir el armario de dos cuerpos de la abuela en canoa y escaparán.
5 Convoque al viento. Abra las ventanas y deje que el viento hable por usted. No le interrumpa. No se rasque los ojos.
6 Coja sus sábanas, procure que tengan restos de lágrimas, sangre, semen, orines y zumo de vagina, dóblelas por la mitad misma de sus recuerdos de forma que se miren cara a cara. Ese rectángulo dialéctico es grato al azar. Deje que el azar lo elija.
7 Ahora la sopa, mágicamente, esta hecha. Trinque un cucharón de palo, inviértalo y afírmelo en los espejos (que son de popa), dómese hasta que sea el timón quien lo gobierne. Sea un dócil timonel al arrullo de lo que venga, así sea un naufragio, así se termine el mundo, así se me vaya a morir en la siguiente panza de agua.
8 Escríbame desde el primer puerto en que fondee.
9 Si el vino allí es malo, pida otra botella.





lunes, 27 de octubre de 2008

bodegón de bosque con grúas al fondo


Ponte verde Marfisa, abre las ramas
bungalow con mucama brasileña
sobrino del fuego, dime que me amas
cosita estigia, pozo de Seseña//

Santa sin seña, hideputa con cazo
jesusito con espinas al alba
pasión que no es tonsura sino calva
usura del buen dios del pelotazo//

Otoñea por tu tanga llave allen
vocea su gran ganga un aprendiz
de sueco, rico, rubio, de lombriz//
Afánate un buen varón que te tale
los pezones aéreos, la raíz
para tálamo sudado, infeliz.//